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lunes, 12 de marzo de 2018

¿Por qué soy abolicionista?


¿Por qué soy abolicionista?
Diciembre 6, 2016 ~
Judith  Bosch

Soy abolicionista y creo que la prostitución per sé vulnera los derechos de las personas.
En un marco en el que todo es metáfora y todo es metafísica y decimos “el sistema nos prostituye”; comparamos alegremente un despido improcedente con una penetración anal no consensuada o el alquiler de nuestros espacios y zonas sociales (cerebro, manos, piernas, tiempo de oficina), con el alquiler de nuestros espacios y zonas íntimas/sexuales (coño, polla, tiempo en la cama); escuchamos a personas que dibujan la prostitución poco menos que como la nueva liberación de quienes la ejercen, ocultando completamente la responsabilidad y los trasfondos de quienes la consumen, y se nos llena la boca con las palabras “voluntad” y “decisión”, querría explicar un poco las premisas que me llevan a ser abolicionista y a pensar como pienso. No quiero convencer a nadie, solo quiero expresarme y quedarme a gusto con este tema por algún tiempo.

Pues bien, parto de estas premisas que doy por válidas:

PRIMERA PREMISA:
El sexo con otra persona no es un derecho ni un privilegio, sino el resultado de un intercambio social libre. Esto es, yo no tengo derecho a tener sexo con otra persona, sí tengo derecho a expresar “quiero sexo” o “no quiero sexo” sin que nadie me agreda verbal ni físicamente por comunicar estas intenciones. Tengo derecho a expresar “quiero sexo”, pero no tengo derecho a usarte a ti para tal fin: “Quiero sexo, tómate una viagra y compláceme. Ahora”; “Quiero sexo, ábrete de piernas. Ahora”. Sí podemos encontrarnos en un entorno confortante para ambas partes, en el que ambas partes busquemos y demos lo mismo y entonces hacer este intercambio social. ¿Por qué ha de ser un intercambio social y no un intercambio económico? Porque en el momento en el que yo te digo: “Quiero sexo. Tómate una viagra y compláceme”. Y tú me dices: “Vale, pero si me pagas”, el sexo pasa a considerarse un privilegio del que paga y, tarde o temprano, por la dinámica del libre mercado, una obligación de quien lo facilita. Esto es, si yo con dinero ya no soy una persona abusiva sino un cliente: yo exijo y tú te adaptas. En el libre mercado los clientes no se adaptan a los negocios sino que los negocios se adaptan a los clientes. Yo sí podré mantener un ritmo de exigencias como persona compradora de sexo. Pero tú no podrás mantener un ritmo de selección de clientes, tarde o temprano tendrás que aguantar para seguir en el mercado, con la excepción de que las actividades de este mercado no se desarrollan en un despacho, en una fábrica o en un espacio público con testigos, sino en una cama y en tu coño o tu polla.

Trabajando los tabúes del sexo y trabajando la igualdad de hombres y mujeres en este ámbito, podemos imaginar Sex Clubs con la siguiente dinámica: yo, persona libre que tengo derecho a decir “quiero sexo”, sin que nadie me llame de ninguna manera por ser mujer y querer sexo, entro en el Sex Club para encontrar a otra persona o varias que también quieran sexo y me gusten. Yo quiero sexo y las otras personas quieren sexo. La relación es igualitaria, luego ya negociaremos si nos va el sexo duro, cariñoso, con patadas en el culo o charlas entre polvo y polvo. Somos dos o más personas y nos elegimos libremente. Eso sería un Sex Club en un contexto de igualdad. El otro tipo de Sex Clubs que nos quieren vender como igualitarios, no son igualitarios ni lo serán jamás. No hay relaciones iguales si una de las personas saca un fajo de billetes porque las otras, en lugar de sexo, quieren dinero. En el momento en el que yo quiero sexo y la otra persona quiere dinero, se establece una relación desigual que me lleva a pensar que el sexo es un privilegio o un derecho, que para tener sexo no necesito encontrar a otra persona que quiera sexo sino a otra persona que quiera dinero. En el momento en el que el sexo deja de ser el resultado de un intercambio social libre y se convierte en un privilegio o un derecho de una de las partes (la parte que paga), la otra parte deja de decidir, o al menos no lo hace en las mismas condiciones. La ley del mercado nos dice “El cliente siempre tiene la razón”, por favor, no pensemos que en el ámbito de la prostitución regulada esto será distinto y se tratará de una actividad que funcione de manera distinta a como funcionan las demás respecto a sus mercados. Esto no va a ser así, es absurdo pensar que sí. Así que vamos ahora la siguiente premisa que tomo como válida.

SEGUNDA PREMISA:
En un marco en el que dejamos de luchar para que el sexo sea ciertamente el resultado de un intercambio social libre y aceptamos barco: “actividad económica regulada”, tenemos una serie de realidades que afectan a todas las actividades económicas y, por tanto, tendríamos que aplicar. Aquí van dos:

a) Los negocios se adaptan a los clientes y no al revés. Los negocios que no se adaptan a los clientes acaban desapareciendo. ¿Es compatible esto con el hecho de que una persona que ofrezca sexo como actividad remunerada pueda elegir a sus clientes? No, no es compatible. Al final, para sobrevivir en el mercado, esta persona tendrá que adaptarse y aguantar. Lo que nos lleva al siguiente punto.

b) Las negociaciones que se establecen entre empresas y clientes parten de la base “El cliente siempre tiene la razón”. Esta base no va a cambiar en el mercado en los próximos años y el mercado de la prostitución, como actividad económica, no va a burlar esta base. El cliente, y lo vemos todos los días en nuestros respectivos trabajos, se siente con derecho a exigir el oro y el moro porque paga. Esta manifestación es humana, es normal y se da en el momento en el que una persona necesita un servicio y otra necesita dinero. Y aquí es donde la prostitución per sé vulnera los derechos humanos. No es lo mismo que un cliente se ponga a gritarte en la tienda a que un cliente se ponga a gritarte en la cama y te tenga a tiro en un espacio en el que solo estáis ese cliente y tú, desnudos. No es lo mismo que el cliente forcejee contigo para llevarse el artículo que tienes en el expositor, porque es el único que queda y lo quiere (aunque le hayas dejado claro que los artículos del expositor no estén en venta), a que el cliente forcejee contigo para practicar una penetración anal (aunque le hayas dejado claro que no haces eso). No es lo mismo que el cliente se equivoque y te exija algo que no habéis presupuestado (esto en el ámbito servicios pasa cada día) y discutáis en una oficina, a que el cliente se equivoque y en una habitación en la que solo estáis los dos, desnudos, te exija el alquiler de una parte más de tu cuerpo. Puede ser que a lo largo de tu vida, trabajando en una consultoría, en un comercio, en un servicio de atención telefónica, tengas incidencias muy molestas con clientes e incluso llegues sentirte humillada como profesional, porque “El cliente siempre tiene la razón” y el cliente se ciega, es una manifestación humana. Si tu profesión consiste en el alquiler de tu sexo y tu cuerpo desnudo, esa humillación profesional de la que hablamos y que todo hijo de vecino vive varias veces en su vida, en cualquier trabajo, pasa a convertirse en vulneración de derechos.

TERCERA PREMISA:
Por último doy por cierta la siguiente afirmación: “Los proxenetas y los puteros se lucran o se benefician de las desigualdades que se establecen en el sistema patriarcal. Se enriquecen y se benefician gracias al machismo y a la aceptación del abuso. Nada que les beneficie a ellos puede beneficiar a la lucha feminista”. ¿A quién beneficia que se regularice la prostitución? A miles de proxenetas y puteros que se callan, se mantienen en la sombra y dejan que nos peleemos entre nosotras debatiendo sobre prostitutas que desafían a las leyes del mercado y establecen un marco de relaciones idílico que ya quisiéramos tener todas y todos en cualquier otro trabajo.

Quiero compartir contigo este blog que trata de manera muy profunda y extensa el tema de la abolición: Traductoras por la abolición de la prostitución.

También tengo escrita una novela que retrata una realidad de la prostitución: la que vi durante seis meses entrevistando a prostitutas y entrando en prostíbulos para convencerme de que el sexo, como actividad económica, es una actividad que hay que regularizar. Como te imaginarás, esa investigación no me convenció de eso sino de lo contrario. Si quieres leer la novela, que se llama Amazonas Dormidas, puedes descargártela en Amazon. Si te dedicas al trabajo social y te interesa estudiar la novela por si pudiera resultarte útil en algún taller o lo que sea, me escribes a roshlym@yahoo.es, te la paso y tratamos de crear sinergias. Un abrazo y gracias por tu tiempo.

Fuente
https://judithbosch.wordpress.com/2016/12/06/por-que-soy-abolicionista/#respond Red


martes, 30 de enero de 2018

Te doy mis ojos, putero II

TE DOY MIS OJOS, PUTERO II
29 de enero de 2018. por José Elizondo

Bueno, no ha estado mal ¿eh? Se dice mientras sube la cremallera de su pantalón vaquero. No es una pregunta que busque respuesta, es más bien una autoafirmación personal que surge de forma mecánica como tantas veces, en tantas ocasiones. Esta es otra más. La verdad es que la noche estaba siendo jodidamente aburrida hasta que sus compañeros de trabajo se les ocurrió acercarse a ver que se cocía por estos lares. Mira si he pasado veces por “la recta”, pero justo aquí no había entrado, la sigue diciendo mientras deja un billete sobre la cómoda. Ella ya ni le presta atención y su cuerpo queda desdibujado en el espejo del baño. Aunque ahora que sé que estás tú por aquí casi fijo que vuelvo de nuevo, la dice con una sonrisa que busca más una complicidad imaginada, que real. Tampoco le importa demasiado, quizás ni se acuerde de ella la próxima vez. Además habiendo tanto “ganado” donde elegir, porque quedarme con una. Y tampoco es plan de encoñarse, mira lo que le pasó a Javier que se encariño de una y vaya historia que se montó….

En fin, a lo que íbamos, te dejo propina para que luego no digas ¿eh….? Él sigue hablando sin pensar mucho en lo que dice, ella hace tiempo que dejó de escucharle. Demasiadas cosas en la cabeza como para prestarle atención. Quizás otro día se habría animado para charlar un poco, o por lo menos a fingir que le interesaba algo de lo que le estaban diciendo. Es curioso, como hay días en los que todos se parecen tanto, pensaba con media sonrisa dibujada en su rostro, la otra media la guardaba para cuando mereciera la pena sonreír.

Sois la ostia amigos, no me esperaba algo así. La verdad es que os habéis portado con el “regalo”, fijaros que ha salido más barata de lo que pensábamos y al final la he dejado hasta propina. Para qué no se diga….Y tú qué Felipe, ¿no te animas a “subir”? ¿O estás hecho una maricona? No si ya decía yo que esos pantalones tan apretados y ese flequillo de medio lado….Una carcajada al unísono sonó en la barra. Incluso a Felipe le salió la risa floja, por si acaso….



Quizás la pregunta no sea quien soy yo, sino quien eres tú ” Te doy mis ojos, putero”

Oye, le dijo al camarero al ver que le cobraban 20 euros por un cubata, que las “putas” son ellas ¿eh? Y de nuevo todos se echaron a reír. Pues no nos quieren joder con estos precios…Si es que no hay derecho…., Es la ley del mercado amigo, contestó el avispado camarero, la  ley de la oferta y la demanda. No te jode con el camarero, si nos ha salido ingeniero y todo. Anda ponte otra ronda y así estamos todos igual de jodidos. Otra carcajada compartida para, a continuación, apostillar cada uno con su propia cosecha: Esta maldita crisis, es el jodido sistema, la culpa la tiene el gobierno, ya estamos con los perro-flautas, anda. dejaros de política que hemos venido a pasárnoslo bien ¿estamos?….Y así cada uno se quedó satisfecho: No, si al final nos tendremos que meter todos a putas; eso lo dirás tú (y el jajaja correspondiente).

No si ya decía yo que a ti te iba, pero lo que no sabemos es por donde (y de nuevo el jajaja de turno). Oye ¿y si nos vamos a la velada de boxeo femenino? ¿A pero las tías boxean? (de nuevo risas) si no que se lo digan a mi parienta que tiene un gancho de izquierda que ni el negro ese (más risas). Fíjate la polémica que ha habido, estuvieron a punto de suspenderlo porque lo patrocinaban, mira, entre otros, este puticlub. Y al final lo hacen pero sin estos patrocinadores. Va…putas feministas, que poco tienen que hacer. Si ya digo yo que ni machismo, ni feminismo joder, que ningún extremo es bueno. Además hasta boxeo femenino ¿Qué más quieren?

Y así, entre risas y ocurrencias, se fueron de puticlub sin preguntarse absolutamente nada, bueno quizás Felipe. Se reincorporaron a su vidas, a sus trabajos, conversaciones, manifestaciones, el que fuera, porque claro si te tocan lo tuyo no te vas a quedar con los brazos cruzados. Y así se indignan cuando ven una catástrofe, un suceso violento, una violación: A esos, a esos les cortaba yo los huevos y ya veríais como así se solucionaba rápido. Ya te digo matando al perro se acabó la rabia. Otros pensarían en voz baja: bueno habría que ver…sembrando esa duda que, según como la estiramos cada uno, sirve para justificar lo injustificable.

Y es que quizás estaría bien empezar a preguntarse qué hay detrás. En esta línea Richard Poulin, considerado como uno de los mayores expertos mundiales sobre prostitución y explotación sexual, analiza el proceso de normalización que nos lleva a convivir con una convención social hasta el punto de poner el foco de la prostitución en quien la ejerce y no tanto en quien decide hacer uso de la misma, advirtiéndonos como  “Los hombres no quieren ver lo que hay detrás de la prostitución”[1].

Porque no lo vemos, o porque no lo queremos ver. Porque la pregunta no es quien soy yo, sino quien eres tú ¿Te doy mis ojos, putero?….

Notas:

[1] De la entrevista: “¿por qué muchos hombres no quieren hacerse esos planteamientos? Porque no se los hacen, ¿no?

(…) Los hombres no quieren oír ni quieren ver lo que hay detrás de la prostitución. No quieren saber que al llegar a los 16 años una de cada tres mujeres ha sufrido agresiones sexuales, lo que significa que la violencia hacia las mujeres es gigantesca. (…) Y si existen esas cifras tan enormes de violencia sexual es porque hay muchísimos hombres que cometen violencia sexual contra las mujeres, es posible que ascienda a un hombre de cada tres. Todo esto se lo comento para hacerle ver que las relaciones sociales entre hombres y mujeres son complicadas y que eso explica en parte por qué a los hombres les parece normal pagar por sexo. Muchos hombres siguen pensando que la mujer debe ser sumisa y que la que no lo es, se merece ser agredida.”


http://www.elfaradio.com/2018/01/29/te-doy-mis-ojos-putero-ii/

miércoles, 24 de enero de 2018

La tercera incógnita de la ecuación: ¿quién está detrás de la trata?

La tercera incógnita de la ecuación: ¿quién está detrás de la trata?
 Yolanda Rodriguez

 Historiadora de formación, bibliotecaria de profesión y feminista a tiempo completo. En la actualidad, Presidenta de Médicos del Mundo Navarra

“Cui prodest scelus is fecit: aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”.

Estos días pasados, salió en prensa que se había desarticulado una muy peligrosa red de trata de mujeres con fines de explotación sexual. Leí la noticia hasta el final, y nada, oigan, que se hablaba de la organización criminal, y que se hablaba de las víctimas, pero en la ecuación seguía faltándome una incógnita, una que hay que despejar de una vez por todas:
¿Quién se beneficia realmente de la explotación sexual de las mujeres? ¿Quién, con su demanda de mujeres, cada vez más sumisas, cada vez más jóvenes, cada vez más baratas, saca provecho de la trata?

Pues ni más ni menos que los puteros, esos hombres que están entre nosotras, a los que todas conocemos, ya que es conveniente recordar que en el Estado español son 1 de cada 3 hombres los que consumen de forma habitual cuerpos de mujeres, muchas de ellas víctimas de trata. Al hilo de estas preguntas que me hacía, una persona por twitter me compartió una frase clásica que me ha hecho pensar mucho: “Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido”, Séneca (Medea, acto 1º, escena 1, versos 500-501).
Ya está la incógnita despejada, son los puteros los que con su demanda y su indiferencia están cometiendo el crimen de la trata.

Según un informe de la Universidad Pontificia de Comillas “Apoyando a las víctimas de trata con fines de explotación sexual”, la gran mayoría de los hombres dice que no denunciaría si detecta algún indicio o confirmación de que existe explotación sexual. Y no denunciarían, según ellos, “porque es una cosa muy peligrosa”, o si denunciaría, pero “si ella me dice que no denuncie pues no lo haría, no me vaya yo a comer el marrón después”. Incluso uno de los puteros entrevistados, aun reconociendo que muchas mujeres que él conoce están coaccionadas, dijo “los hombres no hacemos nada por miedo a que se enteren nuestras familias”.

En realidad, el verdadero motivo por el que no denuncian es el miedo a perder el privilegio de comprar esos cuerpos de mujeres a un precio asequible y sin ningún cargo de conciencia, porque les da exactamente igual la vida de las mujeres y las niñas.

Por otro lado, y como sé que esto sale últimamente mucho, y creo que es necesario aclararlo, cuando me refiero a trata y a explotación sexual, también me refiero a prostitución, no a esa que nos quieren vender como guay, claro, yo esa no la conozco, sino a la prostitución como explotación, como violencia, como una forma de esclavitud. Tengo que decir que las mujeres no se se prostituyen, sino que son prostituidas, es importante el matiz, porque leí ayer unas declaraciones diciendo que las mujeres refugiadas se “veían obligadas a prostituirse”, como si, aun con la obligación, fuera una decisión personal ante determinadas situaciones adversas.

Pues no, señor que hizo esas declaraciones, las mujeres no se ven obligadas a prostituirse, las mujeres son prostituidas, las mujeres, sobre todo las mujeres refugiadas, son víctimas de trata, son explotadas aprovechando su situación de especial vulnerabilidad. Pero, sobre todo, ¿por qué las prostituyen, por qué las explotan? Ahí si volvemos al inicio, porque existe quien demanda mujeres, y cuanto más vulnerables, mejor, así salen más baratas y son más “obedientes”.

Para finalizar una frase leída a Mabel Lozano en una entrevista:

“La prostitución no es el oficio más viejo del mundo, el oficio más viejo del mundo es mirar hacia otro lado”.

Pues eso, sigamos mirando hacia otro lado, sigamos pensando que esto no nos afecta, que es cosa de criminales muy malosos, y de pobrecitas mujeres indefensas que son engañadas como bobas, sigamos pensando que esos hombres que “van de putas” y que son nuestros colegas, hermanos, padres, profesores, etc. son  hombres “legales” porque respetan a las mujeres, son progres y hasta hablan de feminismo con nosotras. Mientras, en algún lugar, mucho más cerca de lo que imaginamos, habrá alguna mujer, alguna niña, que será violada por un putero, previo pago, eso sí, y seguiremos nuestras vidas como si nada, mirando para otro lado.


http://www.tribunafeminista.org/2017/12/la-tercera-incognita-de-la-ecuacion-quien-esta-detras-de-la-trata-2/

lunes, 18 de diciembre de 2017

La prostitución en los pisos de Córdoba contada por sus protagonistas

La prostitución en los pisos de Córdoba contada por sus protagonistas
«Me metí en esto por casualidad y ahora no sé cómo salir ni si quiero salir», afirma una de las entrevistadas por ABC
RAFAEL A. AGUILAR
@abccordoba
CÓRDOBA
22/10/2017

ELLA cuenta su historia en el tiempo que tarda en consumirse su cigarrillo sentada en un velador de la plaza de Jerónimo Páez. «Yo llegué a esto de casualidad, sin quererlo ni buscarlo: y ahora no sé muy bien cómo salir ni tampoco sé muy bien si quiero salir...», explica M. al prender su primera ración de nicotina matinal para que le ayude a olvidar, quizás, las penurias de su forma de ganarse la vida y sobre la que la Fiscalía de Córdoba acaba de advertir en un informe de que se trata de una actividad en alza en pisos de la capital. La ficha de esta mujer aún joven es la siguiente: a un par de años de alcanzar la treintena estudia un grado intermedio en la universidad desde hace un lustro largo, cuando se trasladó a Córdoba desde su localidad natal de la campiña.

«Me metí en esto sin darle mucha importancia y cuando te das cuenta estás metida hasta el fondo»
M.
«Entonces tenía novio, el típico chaval de tu barrio que te pide salir cuando estás en el instituto. Me liaba con él en el pueblo, como hacíamos todos. ¿Enamorada? No, no creo. Un ligue era. Si no tenías novio eras invisible. Me vine a Córdoba a estudiar en la universidad. Ahí cambió mi vida: como tenía poco dinero para el alquiler busqué habitaciones baratas y encontré una céntrica que la ofrecía una mujer quince años mayor que yo y que estaba tirada si la comparabas con las otras que vi», relata esta joven. Ella comprendió pronto el porqué de la rebaja. «¿Me ves cara de tonta? Pues no, no lo soy. Así que noté cosas raritas desde el principio: mi casera entraba y salía a horas raras, a veces no volvía en toda la noche y se me pasaban dos o tres días sin verla, cambiaba de pareja como quien cambia del Nobel al Fortuna. Hasta que ella misma me explicó a qué se dedicaba. ‘Si no te gusta vivir conmigo con lo que eso significa, ya sabes dónde está la puerta’, me dijo».

Hombres limpios y educados

M. se ajusta las gafas de sol anchas con las que protege en parte su identidad, igual que hace con la renuncia a dar más datos de su nombre de pila que vayan más allá de la primera letra, y agacha la cabeza levemente. «Qué quieres que te cuente... Supongo que todo se resume en que me pasé a su bando, en que me metí en su negocio, primero sin darle mucha importancia y con la idea de hacerlo de vez en cuando y con clientes que ella me recomendaba porque eran limpios y educados, y es verdad que lo eran, y con eso me sacaba un dinero y podía vivir sin depender del dinero que me pasaban mis padres, que era poco... Y cuando te das cuenta estás metida hasta las trancas», completa esta mujer.

La piel de M. es doctora en el genero humano. Y en hombres en concreto. «Aquí ves de todo: cosas que a veces de asquean y otras que te ponen los pelos de punta. Pero al final eres una profesional: cumples con tu función, das placer, das cariño, escuchas, consuelas, dejas que fantaseen contigo y nada más... y nada menos. Porque en el móvil hay mensajes de dos clientes más esperando para lo que queda del día», se sincera ella, con el pitillo quemándole ya entre los dedos. «Mira, tengo un cliente fijo que viene cada dos semanas o tres: un hombre del montón, padre de familia, un tío de ley, que sisa de aquí de allí de la economía de su casa hasta que consigue los sesenta euros que le cobro por un completo. Cuando tiene la pasta me llama y se viene a mi cuarto flechado. Me dice que me quiere más que a su mujer, por la que se casó por amor me asegura, porque le doy más cariño y soy más comprensiva, más generosa. Me deja el dinero en la mesilla y se va llorando. Como no vas a poner mi nombre en el periódico, ni se te ocurra, te digo que a mí se me rompe el corazón y me dan ganas de no cobrarle...».

Una prostituta del casco histórico
Más pragmática es La Calabresa, el apodo que elige para este reportaje una veterana en esto de satisfacer los deseos carnales ajenos. Cordobesa con un pie en los cincuenta, ella viene de vuelta en todo lo que tiene que ver con la prostitución. «Al principio tuve un jefe, un corredor de chicas que me traía clientes de toda la provincia y a veces a algún extranjero con ganas de acabar la visita a la ciudad con fuegos artificiales, pero terminé montándomelo por mi cuenta: en mis bajos mando yo, como dijo el otro», resume en la puerta de una concurrida casa de citas muy cerca de la Ribera. «A los lloricas que llegan en busca de cariñitos y de cuentos de ‘Pretty Woman’ los mando al psicólogo, aquí se viene a darle leña al mono, que nosotras somos profesionales del sexo, no amiguitas del alma, ¿me estás entendiendo?», completa sin mirar siquiera a su interlocutor.

La pierna de una prostituta
Si La Calabresa es perro viejo en el oficio, V. acaba de desembarcar en él. De nacionalidad rumana y con apenas veinticinco años, acepta relatar su historia a través del otro lado del hilo telefónico y con la condición de que su nombre quede oculto. «Somos tres chicas con casa en las afueras, en una finca en el campo. A veces nos mueven, los jefes traen a unas nuevas y a otras las cambian de sitio. Dicen que así funciona mejor el mercado, que los clientes se animan», detalla ella, que llegó a España por las referencias de una amiga.

M., la chica de menos de treinta años de la campiña que entró en el negocio de las pasiones carnales a tanto la hora por la influencia de su casera, aplasta su cigarrillo en el empedrado de la plaza de Jerónimo Páez y se despide con un gesto seco: «A veces no haces con tu vida lo que debes ni lo que quieres sino lo que puedes. Es triste verme como me veo pero yo no lo elegí. Puedes estar seguro».


 http://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-prostitucion-pisos-cordoba-contada-protagonistas-201710220924_noticia.html



martes, 11 de julio de 2017

Las Manadas de los #Sanfermines



Las Manadas de los #Sanfermines

La autora le arranca la máscara al patriarcado más duro, el más tolerado, el más defendido por la mayoría de las mentalidades sociales. No lo vemos porque no lo queremos ver y como dice Amelia Tiganus, no podemos imaginarnos el horror por el que pasan las mujeres que tienen que soportar a las manadas de hombres y sus prácticas sexuales violentas que en algunas ocasiones solo se pueden traducir como tortura: "Imaginad lo que la pedagogía de la crueldad hace con ciertos cuerpos. Imaginad que eso pasa porque una sociedad lo permite. Y el Estado lo financia y lo defiende bajo el manto de las tradiciones (patriarcales e intocables)".
Amelia Tiganus -- Feminicidio.net -- 08/07/2017

Si eres prostituta, “trabajar” en un prostíbulo de Pamplona en la época de Sanfermines puede llegar a ser una de las experiencias más traumáticas y duras que vives en el cuerpo de una mujer. Las cosas como son: esto solo nos pasa a las mujeres por ser mujeres, en Pamplona, Ámsterdam, Cali o Bangkok por no decir en casi todas las ciudades del mundo.

Para empezar, en el sistema prostitucional tú no eliges, y estás obligada a aceptar de antemano todas las reglas del juego a las que te someten los proxenetas (en el Estado español están enmascarados como empresarios del ocio aquellos que administran el negocio de la prostitución en algunos supuestos locales de ocio) y los puteros. La alianza putero-proxeneta es de las más fuertes y leales en el patriarcado, entre estos dos roles de machos no hay fisuras, protegen la masculinidad hegemónica y por eso necesitan resguardarse en lugares físicos donde las únicas mujeres que estén allí sean cosificadas, sumisas y estén dispuestas a ser humilladas, usadas y torturadas por ellos, bajo la “legalidad” que le concede el Estado proxeneta. El prostíbulo es el símbolo más contundente y claro de que el patriarcado no está dispuesto a que las mujeres alcancemos la igualdad. Mientras haya prostíbulos, no solo se garantizará que siempre hay un lugar en el que la masculinidad hegemónica está a salvo sino que los hombres como ciudadanos, con la ayuda del Estado, las leyes, los jueces, la policía, los partidos políticos, las religiones y la indiferencia social, pueden disponer de mujeres desechables y explotables.

Imaginad primero el prostíbulo en Sanfermines por dentro: sobrepoblación de mujeres, decenas y cientos se instalan unos días en la capital navarra (traficadas o explotadas en cualquier caso), son hacinadas cuatro o cinco chicas por habitación como en una granja de pollos. De día están encerradas y duermen en los mismos espacios asfixiantes por donde durante la noche anterior pasaron decenas de hombres. También de día, en las calles los enjaulados son los toros, torturados y asesinados por manadas de hombres en un ritual ancestral, las únicas manadas que matan porque sí, porque tienen la licencia para usar y disfrutar de la violencia patriarcal.

Las manadas practican lo que Rita Laura Segato define como “pedagogía de la crueldad”.
Imaginad lo que la pedagogía de la crueldad hace con ciertos cuerpos. Imaginad que eso pasa porque una sociedad lo permite. Y el Estado lo financia y lo defiende bajo el manto de las tradiciones (patriarcales e intocables).

A las últimas chicas que llegan, a falta de camas les toca dormir en colchones sobre el piso, por esas habitaciones pagan fortunas, más de la mitad de lo que reciben ellas de los clientes; muchos proxenetas lo confiesan abiertamente: “a una puta hay que cobrarle todo lo que hace dentro del club, cama, comida, venderle ropa, joyas, perfumes, cocaína...”.

Imaginad que la jornada empieza a las cinco de la tarde cuando las mujeres abandonan las habitaciones y esperan en el local a que lleguen los clientes. Por la tarde hay poca demanda. La gran afluencia de hombres empieza por la noche. Manadas de borrachos invaden los locales vestidos con su traje blanco y “pañuelico” rojo. Hasta altas horas de la madrugada llegan las manadas. Hombres de todas las edades y nacionalidades. Los taxistas cobran una comisión del prostíbulo por cada viaje que traiga una manada. Los hombres vienen envalentonados y sudados. La mayoría pide sexo grupal y normalmente se les concede el deseo. A más hombres y “servicios” en el local, más ingresos y enriquecimiento para los proxenetas.
A ellas les toca el sufrimiento, la explotación sexual y la degradación.
El hacinamiento de mujeres se hace notar solo cuando las colas para esperar una habitación libre inundan los pasillos del prostíbulo. Hacer cola para follar es algo muy común pero en Sanfermines se vuelve más pronunciada esta conducta de la manada. Una vez dentro de la habitación, la diversión machista de la manada (generalmente con una sola mujer) no cesa y las demostraciones de hombría patriarcal son cada vez más violentas. Solo se pueden traducir como sexo duro y tortura. La música alta, el olor a alcohol, tabaco y cocaína son insoportables.
Flyer que se distribuye por las calles de Pamplona durante las fiestas.
Luego a la puta le toca soportar la soledad y recuperarse para volver a repetir al día siguiente la misma … Imaginad cómo llamar lo que le pasa a una puta en esas condiciones. ¿Qué nombre le pondríais?
Y después nos preguntan por qué algunas consideramos al prostíbulo un campo de concentración exclusivo para mujeres.
Las manadas de hombres están siempre dispuestas a volver para borrar cualquier rastro de humanidad de la puta.

¿Puede ser legal todo esto? Pues lo es.

Dice el folleto del Ayuntamiento de Pamplona:
“Por unas fiestas libres de agresiones sexistas: ¿Qué es la violencia sexista? Una violencia que se basa en las relaciones jerárquicas, en las relaciones de poder que sitúan al hombre por encima de la mujer, cuyo objetivo es garantizar que las mujeres vivan en una situación de sumisión”.

¿En qué parte de la campaña pública de prevención de las agresiones sexistas cabe mi relato?
Imaginad ahora que todos los días se publican avisos publicitarios en el periódico Noticias de Navarra (hoy, 8 de julio, ocupan una página entera de clasificados que pueden leer niños y niñas…). Este periódico recibe un beneficio directo de esa explotación sexual, el coste de los avisos publicitarios financia su sostenibilidad.
Lo que no podéis imaginar es el horror que vive una mujer en una situación como la que acabo de contar. 
Hay horrores que solo padecemos y vivimos algunas mujeres por ser mujeres pobres, migradas, racializadas, explotadas por el colonialismo sexual y el sistema prostitucional europeo. Y esto pasará cada día de Sanfermines, en una ciudad a la que cada año vienen las manadas de hombres a disfrutar de sus rituales patriarcales.

Fuente

http://feminicidio.net/articulo/las-manadas-los-sanfermines

sábado, 3 de junio de 2017

Contra la prostitución: "Poner al servicio el cuerpo es un pilar del patriarcado"

Contra la prostitución: "Poner al servicio el cuerpo es un pilar del patriarcado"

La docente y activista Nora Pulido se planta del lado abolicionista en la discusión de género sobre la prostitución. “La muestran de una manera banalizada y con una especie de glamour ¡Como si fuese algo lindo o divertido!”, advierte. Como salida, busca generar puestos de trabajo fuera de los estereotipos femeninos.
Por Dolo San Pelegrini

Lomas de Zamora, junio 1 (AUNO)– El feminismo le brota de los poros y no lo puede disimular: “Poner al servicio tu cuerpo es un pilar del patriarcado ¡No es una práctica feminista!”. Y que quede claro de qué lado de la mecha está parada cuando habla de prostitución.

Nora Pulido es una ferviente militante feminista de hace ya casi 40 años. Hoy dicta el Seminario de Derechos Humanos con perspectiva de género en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Ahí también trabaja como docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos. Su angustia por la problemática de la violencia de género es palpable. Por eso forma parte de la campaña abolicionista “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”.

En la actualidad se cruzan dos miradas —muy extremas— acerca de la prostitución. Una la justifica como trabajo. La otra propone revertir esa realidad. Cree que las mujeres merecen alejarse de ese ámbito que consideran tortuoso. Pulido y su equipo fusionan trabajo y lucha. Se proponen brindarles a estas mujeres las herramientas necesarias para que les retribuyan los derechos que les fueron quitados.
Nora exclama: “¡El sentido común es absolutamente conservador!”.

¿De qué manera aborda la lucha contra la prostitución?
Hace ya siete años que encaramos una campaña abolicionista abordando el tema de la prostitución, pero junto a las mujeres víctimas de ésta o de la explotación sexual. Hay un ida y vuelta. Además, hacemos un trabajo de acompañamiento y una lucha compartida por la búsqueda de los derechos que les fueron burlados. Son mujeres que desean salir de la prostitución. Y para eso les brindamos herramientas de contención y de formación, con el objetivo de que se inserten pronto en el ámbito laboralo.

Trabaja junto a las mujeres de la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos (AMADH), que también piensan que el camino no es que la prostitución sea un trabajo. Por eso se separaron de la Asociación Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), y se ramificaron en lo que son hoy. “Trabajamos juntas con el fin de restituirles los derechos, ya que se encuentran en diversas situaciones de vulnerabilidad social porque la mayoría de las mujeres que entraron a la prostitución son personas carentes de educación o formación laboral. Son captadas tempranamente, y nosotras repudiamos la violencia permanente que tienen sobre su físico o su psiquis”.

Las condiciones de las mujeres en situación de prostitución deben ser angustiantes ¿Cómo es posible que soporten tanta violencia?
Para soportar esa situación tiene que producirse un enajenamiento, es decir, una disociación entre psíquis y cuerpo, y a la vez un posible consumo de drogas o alcohol, para poder lidiar con algo semejante. Son mujeres que tienen un profundo padecer psicológico, que tienen el conocimiento obnubilado. En la sociedad, pasan a ser el lote de personas no individuales, es decir cosas, porque hay una concepción arcaica que no cambia sobre que “tienen que estar las mujeres públicas”. Así está organizada la sociedad desde el año 3 mil antes de Cristo. ¿Y de dónde se recluta ese lote? Dentro de la gente cuyas condiciones sociales y psicológicas se encuentran más vulneradas.

¿Qué proyecto destacarías de su trabajo en contra de las redes de prostitución?
Estuvimos trabajando muy duro en la sanción de la Ley de Trata, que fue sancionada, pese a que recibió terribles modificaciones. También destacó que unos años atrás se consiguió la implementación de cursos laborales para las mujeres en condiciones de vulneración y prostitución. Uno de los cursos, rompiendo con el estereotipo femenino de peluquera o cosmetóloga, fue para formar electricistas.Fue un trabajo organizado por el Ministerio de Trabajo de ese entonces y un sindicato que daba la capacitación. Se extendió en la Ciudad de Buenos Aires y en Tucumán, Santa Fe y La Pampa.

Pulido discute con firmeza la postura que avala a la prostitución como una trabajo; “Algunas personas adhieren a eso porque lo muestran de una manera banalizada y con una especie de glamour ¡Como si fuese lindo o divertido! Yo creo que hay una confusión semántica y conceptual muy fuerte, porque lo fundamentan diciendo que “eso es una expresión feminista”, debido a que la premisa del feminismo es el tener derecho a tu cuerpo. Pero eso tiene que ver fundamentalmente con el aborto, el derecho a tu cuerpo de gestar cuando estés biológicamente dispuesta y tengas el deseo. El derecho a tu cuerpo de que no te discriminen, ni golpeen. De que no te abusen cuando seas niña, que es muy común, y que no te violen. Eso es el derecho a tu cuerpo.”

¿Defender el trabajo sexual entonces sería antifeminista?
Poner al servicio tu cuerpo es un pilar del patriarcado, no es una práctica feminista. La cosificación de las mujeres es antifeminismo. La prostitución no es una simple liberación sexual, es una liberación sexual patriarcal ¿Qué quiere decir? Que se bajen tabúes que antes existían, para que el mercado del acceso al cuerpo de la mujer sea más fácil y haya menos condena social. Son cuestiones que vienen de la mano del neoliberalismo. El neoliberalismo trae toda una concepción filosófica que hace ver que todas las transgresiones a las costumbres son divertidas, liberadoras y positivas.

¿Y qué busa con su trabajo en esa línea?
Las mujeres con las que trabajamos tienen muchas necesidades. Buscamos que se empoderen, que tengan seguridad en sí mismas. Por un lado, tratar de buscar una salida colectiva, por el otro, que tengan armas para reflexionar y trabajar intelectualmente. Yo siempre les pregunto a algunos educadores si ellos querrían para sus chicas una salida laboral como la prostitución, o si a los varones los están formando para que cosifiquen y usen los cuerpos. ¿Qué futuro queremos para esas personas? Que sean aceptadas en el sistema educativo y en el laboral, que se realicen ¿O ya están predestinadas a ser cuerpos vacíos para el uso indiscriminado?

¿Crée que hay un contexto que lo permite?
Es un negocio tan grande, que cada vez son más en el mundo, y en el Primer Mundo más. Ahí explotan a mucha gente migrante. Hay que entender globalmente al fenómeno ya que responde a las políticas neoliberales. Políticas que no piensan a la persona como un sujeto. Los que no sirven, no sirven. Nosotras tenemos una mirada revolucionaria, porque queremos y luchamos día a día, para que las sociedades cambien para mejor.

¿De qué manera podría hacérsele frente?
Con la regulación correcta de la Ley de Medios, más una fuertísima inversión en la educación sexual integral, sumada a mucha inversión pública. Se podría decir que de esta manera cambiarían un poco los paradigmas sociales. Y hago hincapié en un cierto control de los medios de comunicación porque, si bien está vigente la ley, no controla ni filtra imágenes negativas o cosificadoras de la mujer. Y no hablo de censurar, me refiero a controlar.

¿Qué es lo mejor de la militancia feminista?
Es muy linda la militancia feminista ¡Porque es entre hermanas! Porque juntas intentamos vencer todas las estructuras jerárquicas patriarcales. Cuando vamos a trabajar a los barrios nos despojamos de toda estructura de poder, que en nuestro caso sería el saber. Y tratamos de trabajar con técnicas de educación popular más horizontales, porque el saber es de todas. El saber de todas es el que circula, y el que nos nutre a todas.

Fuente
https://auno.org.ar/article/militancia-antiprostitucion-poner-al-servicio-el-c/


jueves, 2 de febrero de 2017

Cómo se convirtió la prostitución en la profesión más moderna del mundo




26 de diciembre de 2016
Prostitución & Trabajo sexual
Cómo se convirtió la prostitución en la profesión más moderna del mundo

Kajsa Ekis Ekman
Rebelión

Sobre cómo el discurso del trabajo sexual se ha vuelto hegemonico invisibilizando el componente de pobreza y explotación que lleva el hecho de la prostitución.

Cuando se conoció la noticia de que la vicepresidenta de una de las "organizaciones de trabajadoras-es del sexo" consultada por Amnistía Internacional en política sobre prostitución había sido condenada por tráfico de seres humanos y proxenetismo, muchas abolicionistas se sintieron horrorizadas, pero no sorprendidas, ya que "los derechos de las trabajadoras del sexo" cada día se utilizan más como eufemismo de los derechos de los proxenetas, los propietarios de burdeles y de los hombres que pagan por sexo.
El discurso del "trabajo sexual" ha hecho posible que "el oficio más antiguo" se convierta en la profesión más moderna del mundo. La prostitución ya no es considerada como un vestigio medieval patriarcal, sino subversiva, liberadora, incluso feminista. A los movimientos feministas se les vendió la prostitución como el derecho de la mujer a su propio cuerpo; a los neoliberales, como un símbolo del libre mercado; a la izquierda, como "trabajo sexual" que necesita sindicatos y derechos laborales; a los conservadores, como un acuerdo privado convenido entre dos personas al margen de toda intervención social; al movimiento LGTB, como sexualidad que exige su derecho a expresarse. La prostitución se convirtió en un camaleón capaz de adaptarse a todas las ideologías. Y cuando la izquierda abraza la prostitución como "trabajo", lo hace pasando por alto que el marxismo considera el trabajo como algo intrínsecamente alienante que debería ser abolido y el resultado de la pérdida de la capacidad de trabajadores y trabajadoras a decidir sobre sus propias vidas.

 Otro elemento ausente es la conciencia sobre la forma utilizada por el capitalismo para expandirse de manera incesante en cada vez más dimensiones de nuestra vida, haciéndonos ver nuestros cuerpos y mentes como meras mercancías. El discurso del trabajo del sexo fue inicialmente un discurso marginal surgido en el ambiente político creativo y caótico de California. Obtuvo relevancia cuando el gobierno holandés lo promocionó con miras a preparar el terreno a la re-legalización de la industria del sexo. Holanda, con su floreciente industria sexual, tenía a todas luces un interés económico en obtener impuestos de ella.

El argumento de que la prostitución era un trabajo como cualquier otro resultó ser muy útil. Pero si la prostitución tenía que ser considerada una profesión, era fundamental que hubiera sindicatos, y así fue cómo la organización De Rode Draad (El Hilo Rojo) se convirtió en el primer sindicato de este tipo en el mundo. De Rode Draad fue fundado por el gobierno holandés y presentado como el sindicato de las "trabajadoras del sexo", pero fue financiado con dinero público desde el momento de su creación y su dirección siempre estuvo en manos de sociólogos y sociólogas, no de personas en situación de prostitución.

Hay hoteles en Amsterdam que ponen a disposición de los turistas folletos en los que se les asegura que no deben sentirse culpables de pagar por sexo, ya que "muchas" prostitutas pertenecen al sindicato De Rode Draad. Las referencias a este sindicato son algo prácticamente insoslayable en los libros sobre feminismo de los años 80. Y sin embargo, De Rode Draad nunca llegó a tener más de cien miembros, jamás intervino en un solo conflicto laboral en un burdel y sus representantes, como el sociólogo Jan Visser y la investigadora y escritora Sietske Altink , no tenían ninguna experiencia en prostitución. Sietske Alkink, en el transcurso de una conferencia en 2009, dijo que la demanda de prostitución disminuiría "ya que las mujeres casadas han mejorado mucho en cuestión de sexo". Actualmente trabaja en el Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras y los Trabajadores del Sexo en Europa (ICRSE), en el que -curiosamente- nos encontramos a menudo con los mismos políticos, universitarios y trabajadores sociales apareciendo una y otra vez y construyendo su carrera profesional a base de hablar del derecho a hacer algo que ellos personalmente no han hecho.

Dado que la industria del sexo ha aumentado en el mundo entero, el discurso del trabajo sexual ha adquirido un estatus hegemónico. Y así fue cómo segmentos de la izquierda y del movimiento feminista se tragaron el anzuelo de la propaganda con el plomo y el sedal: luchar a favor de la prostitución se convirtió en luchar por la libertad. Resulta cuando menos extraño. Hace cien años, la lucha contra la prostitución era un asunto crucial tanto para el movimiento obrero como para el movimiento de las mujeres.

Recordemos aquellos carteles del sindicato británico de estibadores que se hicieron tan populares y en los que se leía "No pararemos hasta barrer toda la miseria, la prostitución y el capitalismo" y "An injury to one is an injury to all", que las feministas convirtieron en la consigna "Nos tocan a una, nos tocan a todas". Los estibadores tenían claro que la prostitución condenaba a sus hermanas de la clase obrera a ser utilizadas por los hombres de clase alta y no estaban dispuestos a permitirlo.

Por lo que se refiere al movimiento de las mujeres, lucharon contra la prostitución antes incluso de exigir el derecho al voto: acabar con la trata de esclavos y esclavas era lo más urgente y prioritario. La prostitución no ha cambiado. Sigue siendo la misma industria, los mismos hombres con dinero comprando mujeres pobres, la misma explotación, la misma violencia y la misma trata (aquello que en el pasado se llamaba "trata de blancas").

Lo que cambió fue la etiqueta. Como dice Sonia Sánchez , una mujer argentina superviviente de la prostitución: "Existe un feminismo que es muy útil para los proxenetas, un movimiento sin movimiento, liderado casi exclusivamente por universitarias, muy lejos del feminismo popular."

Pasé cuatro años viajando por Europa y estudiando las organizaciones del "trabajo sexual" para mi libro L’être et la marchandise (El ser y la mercancía). Vi cómo se repetía siempre el mismo patrón: una organización de "trabajo sexual" con una web muy elaborada y una presencia en las redes impresionante, con cientos o miles de miembros con experiencia en trabajo sexual que en realidad eran tres que quedaban para tomar café. Eso es lo que ocurría, por ejemplo, con el grupo francés Les Putes (ahora llamado STRASS).

También era frecuente encontrar a personas relacionadas con la investigación o con ong's copando la junta directiva mientras que sólo había una persona en la organización con experiencia en prostitución. Esta persona era la única, por supuesto, que hablaba con los medios, como era el caso del ICRSE (International Committee on the Rights of Sex Workers in Europe). En el caso de la organización española Ambit Donà, no contaban ni con una sola persona ejerciendo la prostitución, por mucho que aseguraran "defender el derecho a ser putas".

A veces, los grandes sindicatos contaban con una sección para las personas en situación de prostitución, como era el caso de CCOO en España o el sindicato Ver.di alemán, con escasos resultados. Ni una sola persona en situación de prostitución se afilió a CCOO. En la sección sindical alemana de las trabajadoras sexuales me dijeron que "nunca habían tenido más que unas cuantas afiliadas" y que nunca habían tenido ningún conflicto laboral, a pesar de que la industria de la prostitución alemana es la más importante de Europa, con más de un millón de personas vendiendo sexo todos los días. Igual de decepcionantes fueron los resultados de la regulación en Alemania: sólo un 1% de las mujeres prostituidas se registraron como "trabajadoras sexuales".

Cuando el Estado se preguntó la razón y realizó una encuesta, muchas mujeres en situación de prostitución respondieron que lo que ellas deseaban era dejarla tan pronto como pudieran y que no querían ver la prostitución más que como una solución temporal. Huschke Mau, una superviviente alemana de la prostitución, escribió : «Como la mayoría de prostitutas, yo no me registré como tal porque tenía miedo de no poder dejarlo si lo hacía. Porque tenía miedo de que me preguntaran por qué ya no quería seguir trabajando como prostituta si era un trabajo como otro cualquiera.

Y eso fue exactamente lo que pasó cuando quise dejarlo. Busqué ayuda en la sanidad pública y sólo recibí incomprensión. Y no conseguí salir. ¿Qué se supone que tenía que decir en la oficina de empleo si iba a pedir una prestación para poder pagar el alquiler y la comida sin necesidad de tener que chupar diez pollas cada día? ¿No me preguntarían cómo me había ganado la vida en los últimos tres meses? Y si se lo dijera, ¿no me preguntarían por qué no quería seguir haciéndolo, habiendo un burdel fantástico allí cerca que me podía contratar?

Una mujer que había tenido que volver a las organizaciones de trabajo sexual con la esperanza de encontrar refugio me contó que la usaron sólo como herramienta de propaganda. TAMPET, otra organización holandesa, recibe millones de euros de la Unión Europea para luchar contra el VIH, pero utilizan ese dinero para repartir condones entre las mujeres inmigrantes y en hacer campaña a favor de la despenalización.

 Cuando hablé con su representante, otra trabajadora social, me contó que a menudo las mujeres le pedían que las ayudara a salir de la industria del sexo y que ella les respondía que su trabajo no era sacar a las mujeres de ahí, sino enseñarles a ser mejores prostitutas.» A veces, tras la fachada de los derechos de las “trabajadoras sexuales”, hay hasta proxenetas.

Es lo que ocurre con el British International Union of Sex Workers (IUSW), que está dirigido por Douglas Fox, propietario de una de las más potentes agencias de escorts en Gran Bretaña, la Christony Companions. Este Douglas Fox, que se autodenomina "chico escort independiente", aparece a menudo en los medios hablando de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras sexuales y de lo malo que es el feminismo. Esto es lo que dice Huschke Mau de ese fenómeno que nos encontramos a nivel internacional: «Cuando habláis de BesD (Berufsverband erotische und sexuelle Dienstleistungen, organización alemana de trabajadoras sexuales), os referís a ella como "una organización de trabajadoras sexuales organizadas", pero ¿os dais cuenta que sólo representa al 0,01% de las prostitutas alemanas? ¿Qué tipo de organización de prostitutas es ésa que incluye también a los propietarios de los burdeles? ¿Explotadores que crean un 'sindicato' para representar a las trabajadoras?

Que un patrón no tenga los mismos intereses que los trabajadores y las trabajadoras es algo obvio para la izquierda, excepto cuando se trata de prostitución. Y así fue que el International Union of Sex Workers (IUSW) fue rápidamente invitado a incluirse como sección dentro del gran sindicato británico GMB y ahí sigue. La idea de organizar "sindicatos de trabajadoras del sexo" es muy poderosa. Sin embargo, en el transcurso de mi investigación, no encontré ni una sola organización que funcione verdaderamente como un sindicato; es decir, que haya sido creada y financiada por sus miembros, se componga únicamente de personas de ese sector y tenga como adversarios naturales a empresarios y otras personas que obtienen beneficios del sector.

La mayoría de estos grupos forman parte en realidad de un lobby que pretende a toda costa legalizar todos los aspectos de la industria del sexo a través del etiquetado de la prostitución como "trabajo".» Los sindicatos en general hablan de problemas profesionales, de las largas jornadas de trabajo, de los riesgos y de la lucha por los beneficios que genera la actividad profesional.

Pero lo más extraño de los auto-denominados sindicatos de “trabajadores-as del sexo” -aparte de no contar con afiliación y de su total fracaso en llevar adelante denuncias laborales contra proxenetas y propietarios de burdeles- es su insistencia en que el “trabajo sexual” es estupendo. Y, sin embargo, la prostitución presenta unos índices de riesgos laborales que pocos trabajos tienen: un 82% de las personas en situación de prostitución han sido físicamente agredidas, el 83% han sido amenazadas con un arma y el 68% han sufrido violación.

La tasa de mortalidad entre las mujeres que se dedican a la prostitución es más elevada que la de cualquier otro grupo femenino, incluso mayor que la de mujeres sin techo y mujeres toxicómanas. ¿Un sindicato que de verdad representara a las personas en situación de prostitución no debería hablar de estas cosas?.

Pues muchas de las organizaciones arriba mencionadas hacen justo lo contrario: enmascaran los problemas.

Sólo dicen lo mucho que empodera estar en la prostitución, que es una verdadera liberación del patriarcado y una excelente manera de desafiar sus límites. Dejadme que os diga que eso es algo que nunca vais a oír en la calle. ​

Fuente: http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/como-se-convirtio-la-prostitucion-en-la-profesion-mas-moderna-del-mundo

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220866