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lunes, 12 de marzo de 2018

¿Por qué soy abolicionista?


¿Por qué soy abolicionista?
Diciembre 6, 2016 ~
Judith  Bosch

Soy abolicionista y creo que la prostitución per sé vulnera los derechos de las personas.
En un marco en el que todo es metáfora y todo es metafísica y decimos “el sistema nos prostituye”; comparamos alegremente un despido improcedente con una penetración anal no consensuada o el alquiler de nuestros espacios y zonas sociales (cerebro, manos, piernas, tiempo de oficina), con el alquiler de nuestros espacios y zonas íntimas/sexuales (coño, polla, tiempo en la cama); escuchamos a personas que dibujan la prostitución poco menos que como la nueva liberación de quienes la ejercen, ocultando completamente la responsabilidad y los trasfondos de quienes la consumen, y se nos llena la boca con las palabras “voluntad” y “decisión”, querría explicar un poco las premisas que me llevan a ser abolicionista y a pensar como pienso. No quiero convencer a nadie, solo quiero expresarme y quedarme a gusto con este tema por algún tiempo.

Pues bien, parto de estas premisas que doy por válidas:

PRIMERA PREMISA:
El sexo con otra persona no es un derecho ni un privilegio, sino el resultado de un intercambio social libre. Esto es, yo no tengo derecho a tener sexo con otra persona, sí tengo derecho a expresar “quiero sexo” o “no quiero sexo” sin que nadie me agreda verbal ni físicamente por comunicar estas intenciones. Tengo derecho a expresar “quiero sexo”, pero no tengo derecho a usarte a ti para tal fin: “Quiero sexo, tómate una viagra y compláceme. Ahora”; “Quiero sexo, ábrete de piernas. Ahora”. Sí podemos encontrarnos en un entorno confortante para ambas partes, en el que ambas partes busquemos y demos lo mismo y entonces hacer este intercambio social. ¿Por qué ha de ser un intercambio social y no un intercambio económico? Porque en el momento en el que yo te digo: “Quiero sexo. Tómate una viagra y compláceme”. Y tú me dices: “Vale, pero si me pagas”, el sexo pasa a considerarse un privilegio del que paga y, tarde o temprano, por la dinámica del libre mercado, una obligación de quien lo facilita. Esto es, si yo con dinero ya no soy una persona abusiva sino un cliente: yo exijo y tú te adaptas. En el libre mercado los clientes no se adaptan a los negocios sino que los negocios se adaptan a los clientes. Yo sí podré mantener un ritmo de exigencias como persona compradora de sexo. Pero tú no podrás mantener un ritmo de selección de clientes, tarde o temprano tendrás que aguantar para seguir en el mercado, con la excepción de que las actividades de este mercado no se desarrollan en un despacho, en una fábrica o en un espacio público con testigos, sino en una cama y en tu coño o tu polla.

Trabajando los tabúes del sexo y trabajando la igualdad de hombres y mujeres en este ámbito, podemos imaginar Sex Clubs con la siguiente dinámica: yo, persona libre que tengo derecho a decir “quiero sexo”, sin que nadie me llame de ninguna manera por ser mujer y querer sexo, entro en el Sex Club para encontrar a otra persona o varias que también quieran sexo y me gusten. Yo quiero sexo y las otras personas quieren sexo. La relación es igualitaria, luego ya negociaremos si nos va el sexo duro, cariñoso, con patadas en el culo o charlas entre polvo y polvo. Somos dos o más personas y nos elegimos libremente. Eso sería un Sex Club en un contexto de igualdad. El otro tipo de Sex Clubs que nos quieren vender como igualitarios, no son igualitarios ni lo serán jamás. No hay relaciones iguales si una de las personas saca un fajo de billetes porque las otras, en lugar de sexo, quieren dinero. En el momento en el que yo quiero sexo y la otra persona quiere dinero, se establece una relación desigual que me lleva a pensar que el sexo es un privilegio o un derecho, que para tener sexo no necesito encontrar a otra persona que quiera sexo sino a otra persona que quiera dinero. En el momento en el que el sexo deja de ser el resultado de un intercambio social libre y se convierte en un privilegio o un derecho de una de las partes (la parte que paga), la otra parte deja de decidir, o al menos no lo hace en las mismas condiciones. La ley del mercado nos dice “El cliente siempre tiene la razón”, por favor, no pensemos que en el ámbito de la prostitución regulada esto será distinto y se tratará de una actividad que funcione de manera distinta a como funcionan las demás respecto a sus mercados. Esto no va a ser así, es absurdo pensar que sí. Así que vamos ahora la siguiente premisa que tomo como válida.

SEGUNDA PREMISA:
En un marco en el que dejamos de luchar para que el sexo sea ciertamente el resultado de un intercambio social libre y aceptamos barco: “actividad económica regulada”, tenemos una serie de realidades que afectan a todas las actividades económicas y, por tanto, tendríamos que aplicar. Aquí van dos:

a) Los negocios se adaptan a los clientes y no al revés. Los negocios que no se adaptan a los clientes acaban desapareciendo. ¿Es compatible esto con el hecho de que una persona que ofrezca sexo como actividad remunerada pueda elegir a sus clientes? No, no es compatible. Al final, para sobrevivir en el mercado, esta persona tendrá que adaptarse y aguantar. Lo que nos lleva al siguiente punto.

b) Las negociaciones que se establecen entre empresas y clientes parten de la base “El cliente siempre tiene la razón”. Esta base no va a cambiar en el mercado en los próximos años y el mercado de la prostitución, como actividad económica, no va a burlar esta base. El cliente, y lo vemos todos los días en nuestros respectivos trabajos, se siente con derecho a exigir el oro y el moro porque paga. Esta manifestación es humana, es normal y se da en el momento en el que una persona necesita un servicio y otra necesita dinero. Y aquí es donde la prostitución per sé vulnera los derechos humanos. No es lo mismo que un cliente se ponga a gritarte en la tienda a que un cliente se ponga a gritarte en la cama y te tenga a tiro en un espacio en el que solo estáis ese cliente y tú, desnudos. No es lo mismo que el cliente forcejee contigo para llevarse el artículo que tienes en el expositor, porque es el único que queda y lo quiere (aunque le hayas dejado claro que los artículos del expositor no estén en venta), a que el cliente forcejee contigo para practicar una penetración anal (aunque le hayas dejado claro que no haces eso). No es lo mismo que el cliente se equivoque y te exija algo que no habéis presupuestado (esto en el ámbito servicios pasa cada día) y discutáis en una oficina, a que el cliente se equivoque y en una habitación en la que solo estáis los dos, desnudos, te exija el alquiler de una parte más de tu cuerpo. Puede ser que a lo largo de tu vida, trabajando en una consultoría, en un comercio, en un servicio de atención telefónica, tengas incidencias muy molestas con clientes e incluso llegues sentirte humillada como profesional, porque “El cliente siempre tiene la razón” y el cliente se ciega, es una manifestación humana. Si tu profesión consiste en el alquiler de tu sexo y tu cuerpo desnudo, esa humillación profesional de la que hablamos y que todo hijo de vecino vive varias veces en su vida, en cualquier trabajo, pasa a convertirse en vulneración de derechos.

TERCERA PREMISA:
Por último doy por cierta la siguiente afirmación: “Los proxenetas y los puteros se lucran o se benefician de las desigualdades que se establecen en el sistema patriarcal. Se enriquecen y se benefician gracias al machismo y a la aceptación del abuso. Nada que les beneficie a ellos puede beneficiar a la lucha feminista”. ¿A quién beneficia que se regularice la prostitución? A miles de proxenetas y puteros que se callan, se mantienen en la sombra y dejan que nos peleemos entre nosotras debatiendo sobre prostitutas que desafían a las leyes del mercado y establecen un marco de relaciones idílico que ya quisiéramos tener todas y todos en cualquier otro trabajo.

Quiero compartir contigo este blog que trata de manera muy profunda y extensa el tema de la abolición: Traductoras por la abolición de la prostitución.

También tengo escrita una novela que retrata una realidad de la prostitución: la que vi durante seis meses entrevistando a prostitutas y entrando en prostíbulos para convencerme de que el sexo, como actividad económica, es una actividad que hay que regularizar. Como te imaginarás, esa investigación no me convenció de eso sino de lo contrario. Si quieres leer la novela, que se llama Amazonas Dormidas, puedes descargártela en Amazon. Si te dedicas al trabajo social y te interesa estudiar la novela por si pudiera resultarte útil en algún taller o lo que sea, me escribes a roshlym@yahoo.es, te la paso y tratamos de crear sinergias. Un abrazo y gracias por tu tiempo.

Fuente
https://judithbosch.wordpress.com/2016/12/06/por-que-soy-abolicionista/#respond Red


martes, 30 de enero de 2018

El oscuro negocio de los "urisen", los 'chaperos' que venden su cuerpo en Japón


El oscuro negocio de los "urisen", los 'chaperos' que venden su cuerpo en Japón
Hombres que no pueden ser abiertamente homosexuales usan estos servicios, en los que falta información de enfermedades de transmisión sexual.
14 enero, 2018 01:53
E.E.

¿Cómo acaba un joven heterosexual teniendo sexo con hombres de 70 años que le escupen, le mean y le cagan encima? La respuesta la da un turbio negocio que se ha desarrollado en Shinjuku Ni-chōme, el barrio de Tokyo con mayor cantidad de bares gay. Hombres homosexuales acuden aquí para contratar a jóvenes que necesitan dinero y que son en su mayor parte heterosexuales.

Esta realidad la refleja el documental 'Boys for Sale', estrenado el pasado 26 de noviembre en Japón. 10 años de trabajo y cuatro de producción han servido para contar la falta de protección y desinformación en esta actividad dentro de una sociedad en la que el sexo entre hombres no está bien visto.


Sexo entre hombres mal visto
"Si nunca lo has experimentado, es difícil de comprender". Así empieza el documental que relata las experiencias de estos hombres conocidos como "urisen". La frase viene de un exprostituto que señala como la clave al dinero. Incluso, como él dice para que estos trabajadores, que en su mayoría no son gays (e incluso tienen consentimiento de sus novias), consigan una erección: "Ganar dinero te la pondrá dura".

El mánager de uno de los bares urisen, Hayami, cuenta cómo el negocio ayuda a resolver el tabú del sexo entre hombres en Japón y a aquellos que no pueden vivir como hombres abiertamente homosexuales en el país, avergonzados y con sentimientos negativos: "Nuestro trabajo es resolver este problema y consolar las almas de nuestros clientes".


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Una actividad legal
Este distrito de Tokyo cuenta con 800 negocios para satisfacer la demanda de los homosexuales, que incluyen bares, clubs de baile y sex shops. A estos prostitutos, sin embargo, se accede sobre todo a través de internet.

Se trata de una actividad legal, puesto que la normativa japonesa prohíbe la prostitución como la actividad del sexo vaginal. Es por ello que es difícil calcular la cantidad de hombres que se dedican a ello. El productor del documental, Ian Thomas Ash, estima que serán alrededor de mil.

Ash señala los grandes problemas de estas transacciones: "Tendemos a pensar en el trabajo sexual de una manera moderna, en la que las personas entienden los riesgos que están asumiendo. Pero rápidamente quedó muy claro que no era el caso con muchos de los jóvenes en Ni-chōme".



Estas relaciones que incluyen sadomasoquismo, algo que llamó la atención a los propios trabajadores, que durante el documental cuentan como no tienen información sobre las enfermedades de transmisión sexual y que incluso no usaban preservativo. "Les falta entendimiento e incluso carecen de vocabulario para hablar de ello", cuenta Ash. Por ello en estas relaciones no siempre se usa preservativo.

50 euros por servicio
Mencionan además que entre los clientes se encuentran políticos famosos y jefazos de la policía metropolitana. El servicio empieza con el cliente conociendo copa en mano a uno de los urisen, que tienen entre 20 y 22 año generalmente. Esto dura media hora y cuesta el equivalente a cuatro euros. A partir de ahí, si se quiere estar una hora con el trabajador, han de abonarse otros 50 euros.

A Ash también les chocó cómo Fukushima había provocado que muchos jóvenes se trasladasen a Tokyo. Parte de ellos, por las circunstancias, han acabado dedicándose a la prostitución. Es el caso de los urisen, que conviven aglutinados en pequeñas habitaciones. Algunos lo hacen para ayudar económicamente en sus hogares, otros tras escapar de casa por las malas relaciones con sus familias. También los hay como Kento, un joven que está contento por dedicarse a ello: "Para mí este trabajo es un sueño hecho realidad".


https://www.elespanol.com/mundo/asia/20180114/oscuro-negocio-urisen-chaperos-venden-cuerpo-japon/276472767_0.html



martes, 5 de septiembre de 2017

«La prostituta feliz no existe», es un engaño ideológico apoyado por proxenetas, burdeles y clientes

Julie Bindel ha entrevistado a decenas de prostitutas en 40 países

«La prostituta feliz no existe», es un engaño ideológico apoyado por proxenetas, burdeles y clientes

Hay quien, por razones ideológicas, sostiene la prostitución puede ser liberadora: la realidad que muestra este reportaje lo desmiente.

22 agosto 2017 


"La mayoría de las 'trabajadoras sexuales' son esclavas actuales. La prostitución raramente es una elección, si es que lo es alguna vez": así titula y resume Julie Bindel un amplio reportaje en el veterano semanario británico The Spectator, donde denuncia la existencia de una connivencia entre el lobby de los interesados en legalizar la prostitución (proxenetas, dueños de burdeles y clientes) y el lobby ideológico que la ve como una "liberación" de la mujer. Julie Blindel, lesbiana y feminista, es conocida en el Reino Unido por su oposición a los vientres de alquiler y su rechazo a las imposiciones lingüísticas de la ideología de género, que considera "el último asalto del lobby transexual contra la feminidad".

Traducimos el reportaje a continuación (los ladillos son de ReL):

En medio de la atrocidad que supone la esclavitud moderna, que afecta sobre todo a hombres vulnerables forzados a trabajos no cualificados, existe en el Reino Unido una forma de abuso aún peor. Este abuso lo podemos ver en cada metrópolis, en cada ciudad y en cada pueblo. Es endémico en todas las culturas y regiones del mundo y, sin embargo, actualmente se justifica en nombre de la "liberación". Nos hemos acostumbrado a pensar en la prostitución como una forma legítima de ganarse el sustento, incluso de "empoderamiento" de las mujeres. Lo llamamos "trabajo sexual" y lo ignoramos. No deberíamos hacerlo.

La "prostituta feliz", un mito
En los últimos tres años he investigado la prostitución en el mundo para verificar si es cierto, como dice la sabiduría popular, que es una elección tan válida como cualquier otra. He llevado a cabo 250 entrevistas en 40 países, he entrevistado a 50 supervivientes del comercio sexual y la respuesta ha sido en casi todos los casos siempre la misma: no hay que creer en el mito de la "prostituta feliz" que se ve en la televisión. Prácticamente siempre es esclavitud. Las mujeres que trabajan como prostitutas tienen una deuda que pagar y están en aprietos. Necesitan ser rescatadas como cualquiera de las otras víctimas de la esclavitud moderna.

Los defensores del mito: una coalición de intereses
Uno de los descubrimientos más inquietantes que he hecho es que las voces que resuenan con más fuerza para que se legalice y se normalice la prostitución proceden de las personas que se benefician de ella: los proxenetas, los clientes y los propietarios de los burdeles. Han tenido éxito hablando en nombre de las mujeres a las que esclavizan. Las personas que conocen de verdad cómo funciona el comercio sexual han sido amordazadas por un lobby poderoso de ideólogos "progresistas" engañados y por quienes especulan con dicho comercio.

Abuso, alcohol, drogas...
Como me dijo Autumn Burris, una ex prostituta de California, que se fugó a finales de los años noventa: "Tenía que decirme muchas cosas, muchas mentiras, para que mi cerebro no estallara en miles de pedazos, enloqueciendo, debido al abuso continuo que sucedía una y otra vez, y a la violencia que entraña la prostitución". Autumn hace campaña en favor del fin del comercio sexual y lleva a cabo cursos de formación para oficiales de la policía y otros profesionales acerca de la realidad de la prostitución.

Una superviviente del comercio sexual en Alemania, Huschke Mau, lo expresó así: "Cada vez que tenía un cliente tenía que beberme no un vaso de vino, sino la botella entera. Si estás sobria y no tomas drogas, te es imposible tener sexo con el cliente. De hecho, cuando dejé de beber, tuve que dejarlo".

En el origen: la epidemia de sida
Si la prostitución equivale a la esclavitud, entonces ¿por qué diablos los defensores de los derechos humanos y muchas otras personas de izquierdas apoyan que la prostitución es un "trabajo" para las mujeres y un "derecho" de los hombres?

Todo empezó cuando surgió la campaña contra el VIH/sida. Entonces pareció lógico legalizar los prostíbulos y el proxenetismo, y crear "zonas de tolerancia" en las calles, como la que hay en Leeds. La "lógica" de esta postura era que si se eliminaban todas las sanciones criminales, las prostitutas estarían vinculadas a organismos de apoyo lo que llevaría al 100% de utilización del preservativo. Esto, a su vez, reduciría drásticamente los índices de VIH, argumentó el lobby pro-legalización de la prostitución, y terminaría con el asesinato de las prostitutas a manos de sus chulos y clientes.

Ésta era la teoría. Pero he visitado una serie de burdeles legales en Nevada, Alemania, Holanda y Australia y he examinado las afirmaciones de los defensores de la legalización y el resultado ha sido que sus argumentos -la base de nuestro debate sobre la prostitución, hoy- sencillamente no se sostienen.

Los efectos de la legalización
La legalización de la prostitución en Alemania, Holanda y Australia no ha llevado a una disminución de la violencia, de los índices de VIH o del asesinato de mujeres. En Melbourne me he reunido con la activista de los "derechos de las trabajadoras sexuales" Sabrinna Valisce quien, confrontada con la realidad de la despenalización, ha cambiado, muy a su pesar, de opinión: "Pensaba que las cosas mejorarían si todo se legalizaba y se legitimaba, pero lo único que se ha conseguido es dar mayor poder a los clientes y a los propietarios de los burdeles".

Lo que comporta la legalización es que los tan cacareados derechos y libertades de los que se dice disfrutan las prostitutas sean reclamados por los propietarios de los prostíbulos y los clientes. Es fácil: simplemente se definen a sí mismos como "trabajadores sexuales" y recogen los beneficios. He oído a varios miembros de lobbies pro-legalización definirse como "trabajadores sexuales" además de proxenetas.

Comercio sexual: una dimensión "aterradora"
La verdadera magnitud del comercio sexual global es aterradora. He visitado un pueblo en la India dedicado enteramente a la prostitución y en el que he conocido a un hombre que prostituye a su hija, su hermana, su tía y su madre. He entrevistado a proxenetas en los mega-burdeles de Múnich, en los que los hombres pagan una tarifa plana que les permite usar la cantidad de mujeres que quieran. En el Sudeste asiático he visto a hombres mayores del Reino Unido pagar por una "cita" con una adolescente en los girly bars.

He descubierto que a pesar de lo que digan los defensores de la prostitución, las mujeres y niñas que se dedican a ella proceden la inmensa mayoría de ambientes violentos, muy pobres y marginados. Ni son libres ni empoderadas: son víctimas de abusos y están atrapadas.

También abusos en la prostitución masculina
No debemos olvidar que esto sucede también con los chicos. Durante un visita a Los Angeles conocí a Greg, nacido en una familia que tenía conexiones con la mafia. Desde que era muy pequeño había sido objeto de abusos sexuales por parte de hombres poderosos. En su adolescencia conoció a un proxeneta y fue vendido para ser utilizado sexualmente durante seis años antes de que consiguiera escapar. Greg rechaza la idea de que vender sexo forme parte de la cultura homosexual.

¿Excepción o interés?
En Amsterdam entrevisté a la mujer que acuñó la frase "prostituta feliz". Actualmente Xaviera Hollander dirige un B&B llamado Happy House. Yo estaba convencida de que había llegado a ser rica y famosa como resultado del éxito estratosférico de su libro The Happy Hooker: My Own Story, que había vendido veinte millones de copias en todo el mundo. Pero lo que descubrí durante esa comida es que lo que le dio fama y fortuna fue vender a otras mujeres. Me contó que fue prostituta durante unos seis meses, sólo para aprender cómo comerciar con el sexo. "Cambié mi pequeño apartamento por un apartamento de cinco habitaciones en un ático en un tiempo récord", me dijo con orgullo.

Hollander se parece bastante al mito de la "prostituta feliz" que vemos en los medios de comunicación. Pero compramos la mentira porque es conveniente creer en ella.

"No quiero que ella disfrute"
He entrevistado a una serie de clientes, tanto en el Reino Unido como en otros lugares, y esto es lo que suelen decir: "No quiero que ella disfrute, esto me arrebataría algo". Y: "Me gustan las prostitutas porque hacen lo que les digo, no como las mujeres reales". ¿Y qué les parece ésta?: "No es distinto a comprar una hamburguesa cuando tienes hambre y tu mujer no te ha cocinado nada".

El sexo no es un derecho humano
Si a los defensores de la prostitución les digo que nada terrible les sucederá a los hombres si no pueden pagar para tener sexo, las quejas que oigo son siempre las mismas: "Pero, ¿qué me dice de los hombres minusválidos? ¿Cómo conseguirán tener una cita?". Cuando les digo que el sexo no forma parte de los derechos humanos, me cuentan de la madre que le compró a su hijo, víctima de una grave minusvalía, una prostituta por su cumpleaños, o del héroe que vuelve de una guerra sin sus piernas y que tiene "derecho" a pagar por una mujer.

Encerradas
Pero consideremos ahora esos millones de mujeres oprimidas. ¿Qué pasa con sus derechos? En uno de los prostíbulos de Nevada que he visitado, las mujeres se quedan encerradas en él durante toda la noche. Los altos muros están rodeados de alambre espinado. También en Seúl, Corea del Sur, las mujeres se quedaban encerradas dentro de los burdeles por la noche... hasta que un incendio mató a 14 mujeres jóvenes en 2002. Si las gallinas en jaula en batería fueran tratadas así, con razón habría una protesta por parte de los mismos liberales de izquierdas que remueven cielo y tierra para defender este repugnante comercio de carne humana.

Durante un breve viaje a Auckland visité la zona de prostitución de la ciudad. Con frecuencia nos dicen que Nueva Zelanda es el patrón oro en lo que a comercio sexual se refiere. El Home Office Select Committee (su presidente, Keith Vaz, tuvo que dimitir tras ser acusado de haber pagado por tener sexo con hombres jóvenes) estaba intentando adoptar un modelo similar de despenalización para el Reino Unido.

En las calles conocí a Carol, que parecía tener setenta años pero era mucho más joven, y que utilizaba un andador para descansar entre cliente y cliente. Me dijo que desde que la prostitución había sido despenalizada trece años antes, nada había mejorado para las mujeres: los clientes seguían siendo violentos y a la policía no le importa, como tampoco a los defensores de los derechos humanos. Mientras las mujeres en todo el mundo luchan para que se acabe la violencia y el abuso, el Partido Laborista y Amnesty International, por nombrar dos organismos públicos, las traicionaban.

Cambiar de nombre a las cosas no cambia su naturaleza
El modo más eficaz de enmascarar un terrible abuso de los derechos humanos es cambiarle de nombre. Un estratega pro-esclavitud de las Indias Occidentales sugirió una vez que en lugar de hablar de "esclavos", los "negros" debían ser llamados "asistentes de las plantaciones". Así "no oiríamos esas protestas tan violentas contra el comercio de esclavos por parte de teólogos píos, poetisas de corazón tierno y políticos con poca visión de futuro". El término "trabajadora del sexo" tiene el lustre adecuado.

Fue Barack Obama quien dijo que el tráfico de personas debería ser renombrado como "esclavitud moderna" para poner en evidencia las terribles condiciones en las que viven estas personas. El Modern Slavery Act de Gran Bretaña fue aprobado en 2015. Se funda en la idea de que no hay lugar para la ambigüedad cuando examinas las circunstancias de las personas protegidas por esta ley: las condiciones en las que viven y su incapacidad para huir de ellas.

Lo mismo se aplica a la prostitución: no es "trabajo sexual". La mayoría del tiempo es esclavitud moderna.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

http://www.religionenlibertad.com/prostituta-feliz-existe-engano-ideologico-apoyado-por-58829.htm .


miércoles, 18 de enero de 2017

Pornografía & Necesidad de amar

07-01-2017
Pornografía & Necesidad de amar
La pornografía y la represión de la libertad de amar
Bonifacia Bonobo
Rebelión

El artículo nos muestra como desde la necesidad de amar nuestra estructura social monta una organización donde se limita la libertad de amar en beneficio de la industria y el comercio del sexo. Nos pone ejemplo de sociedades matriarcales como la sociedad bonobo donde lo que prima es el afecto en la relación social y no la propiedad sobre la pareja.


La industria pornográfica es un negocio boyante. Según datos de Forbes, se estima en torno a los 3.500 millones de dólares los beneficios generados por la pornografía sólo en el año 2001 (1). La pornografía es un comercio de éxito, y el producto que vende, principalmente, es el cuerpo de las mujeres, que es cosificado para la excitación sexual del consumidor.

Por otra parte, hoy en día la opinión pública mayoritaria tiende a rechazar el comercio y la cosificación del ser humano, sea hombre o mujer. Entonces ¿no resulta contradictorio el gran éxito del negocio del porno? ¿Por qué se consume tanta pornografía? Seguramente, porque a pesar de la moralidad imperante, el mercado de la pornografía trata de satisfacer un problema de necesidad sexual no resuelta, generado por el tipo de estructura social que se nos ha impuesto.

La mayor necesidad del ser humano, como ser sociable, una vez cubiertas las necesidades básicas de cobijo y nutrición, es la necesidad de amor, en todas sus vertientes, incluida la sexual (2). La necesidad de expresión en cada una de las facetas amorosas es algo variable y que depende de cada persona. Sin embargo, la actual estructura social basada en pequeños núcleos familiares cerrados restringe enormemente la posibilidad de expresión amorosa y el desarrollo de la capacidad afectiva de los seres humanos.

Desde la infancia nos inculcan que lo «normal» es llegar a realizarnos afectivamente formando un núcleo familiar tradicional (3), siguiendo estos principios:

-Unirse a una pareja del sexo opuesto, a ser posible de por vida.

-Ser «fiel» a esa pareja afectiva y sexualmente, a ser posible de por vida.

-Procrear con esa única pareja y que ambos miembros de la pareja se hagan cargo en exclusividad de los hijos.

Es posible que el origen de este tipo de estructura familiar se encuentre en las antiguas sociedades patriarcales agrícola-ganaderas, en las que para sobrevivir era importante salvaguardar las propiedades, es decir: las tierras, las vacas, las ovejas, las cabras, el caballo, las gallinas, la mujer y los hijos de esta. Para ello somos adoctrinados durante toda nuestra vida. Consecuencia de la interiorización de esta doctrina y de que la mayoría funcionemos en forma de «parejas»: sólo está permitido expresarse afectiva y sexualmente con una única persona. Si no, eres «infiel».

Y si ya no funciona la comunicación afectiva con esa persona que se eligió como pareja -porque antes o después, al final todo el mundo se aburre de comer siempre lo mismo-, se puede elegir entre:

1.- Aguantarte, frustrarte, y respetar la norma de «fidelidad» y de «propiedad sobre la pareja», aunque tus necesidades afectivas y sexuales no queden cubiertas.

2.- Pasar por el trauma de romper la pareja y lanzarte en solitario a buscar una posible siguiente pareja.

3.- Tratar de satisfacer tus necesidades afectivas y sexuales de forma clandestina, ocultando, mintiendo y engañando a tu pareja, mientras mantienes encuentros sexuales y/o afectivos con otra/s persona/s.

4.- Consumir algún producto sustitutivo que trate de satisfacer tus necesidades afectivas y sexuales frustradas y no cubiertas en el ámbito de la pareja.

5.- Intentar sublimar las necesidades afectivas y/o sexuales frustradas hacia otros ámbitos, como pueden ser la creatividad artística o la espiritualidad. Y si la sublimación no funciona, siempre queda descargar la frustración en forma de violencia hacia otros seres, sea física o de otro tipo.

Hoy en día, a parte de por inercia, seguramente interesa mantener este tipo de estructura social porque es mucho más fácil «gobernar, dirigir y manipular» a pequeños núcleos familiares aislados entre sí, que no a otras alternativas de convivencia entre humanos. Esta imposición es artificial, represiva y no respeta la diversidad de necesidades afectivas de los seres humanos. Habrá personas que tengan una tendencia monógama de por vida, habrá personas que sean capaces de amar a más de una persona a lo largo de su vida, de forma simultánea o no, y con independencia de su sexo, su edad (no menores), o su raza.

Debería darse la libertad para elegir. Si se eligió la opción de formar una pareja, ¿por qué no hablar abierta y sinceramente de las necesidades afectivas y sexuales de cada uno con el fin de llegar a acuerdos que satisfagan a ambos miembros de la pareja? Y si se decide no formar una pareja, ¿por qué no aceptar como igualmente válidas otras alternativas de unión afectiva entre los seres humanos?. La vida ya es bastante corta y difícil, como para que además, se nos restrinja la necesidad de amar.

Esto es un gran perjuicio para una especie animal, como es el ser humano, que necesita tanto del amor y del contacto físico para sobrevivir y desarrollarse en plenitud. De ahí que algunas personas, que tienen una mayor tendencia a satisfacer la necesidad afectiva a través del sexo, se vean obligadas a optar por evacuar su frustración consumiendo productos pornográficos. De forma paralela, también otras personas vehiculizan sus frustraciones afectivas hacia otros tipos de consumismo.

No hay como tener a la población frustrada e insatisfecha para que se dediquen a consumir de forma bulímica y compulsiva. Una posible alternativa a la organización social en forma de núcleos familiares cerrados, podría ser un grupo o comunidad de personas que se permitiesen amarse entre sí sin restricciones, cada uno como prefiera, sin que existiese el principio limitante de la «propiedad sobre la pareja». El grado de cohesión afectiva de este grupo de personas seguramente sería mucho mayor que el que existe entre personas que no forman parte de un mismo y pequeño núcleo familiar.

Al menos, mayor de lo que se aprecia en la sociedad actual, en la que parece que lo que le pueda suceder a la «gente» que no forma parte de tu pequeña familia, poco importa. También la capacidad de supervivencia se incrementa para un grupo de personas cohesionadas afectivamente, en comparación a la que puedan tener dos personas aisladas y sus hijos. En consecuencia, un grupo cohesionado afectivamente tiene mayor capacidad de defenderse y resulta menos manipulable.

Este sería es el estado primitivo y original del ser humano, vivir en tribu (organización social previa a la existencia del estado). De hecho, la estructura social tribal, en forma de comunidades autogestionadas, resulta muy similar al tipo de estructura social que presentan la mayoría de lo grandes simios (4), como el gorila, el chimpancé común y el bonobo o chimpancé pigmento, que viven en grupo. No obstante, el tipo de jerarquía o estructuración del grupo en el caso de los grandes simios admite variantes. Especialmente llamativa resulta la comparación entre el chimpancé común y el bonobo.

Ambas especies componen el género de los chimpancés y son los primates genéticamente más similares al ser humano, pero mientras la sociedad del chimpancé común es patriarcal, competitiva y resuelve sus conflictos mediante la violencia y la imposición (de forma similar a la sociedad humana), la sociedad bonobo es matriarcal, colaborativa, pacífica y resuelve todos sus conflictos por medio del afecto y el contacto físico.

«Tanto el chimpancé común como el bonobo evolucionaron del mismo ancestro que dio lugar a los humanos, y sin embargo el bonobo es de las especies más pacíficas y no agresivas de mamíferos que hoy día viven en la tierra. Han desarrollado vías para reducir la violencia que permean toda su sociedad. Nos muestran que la danza evolutiva de la violencia no es inexorable.»

(Cita del artículo de Richard Wrangham R y Peterson D, « Apes and the Origins of Human Violence», 1996 )(6).

Notas:

(1) http://www.forbes.com/2001/05/25/0524porn.html

(2) https://es.wikipedia.org/wiki/Pir%C3%A1mide_de_Maslow

(3) https://es.wikipedia.org/wiki/Familia_nuclear

(4) https://es.wikipedia.org/wiki/Grandes_simios

(5) https://es.wikipedia.org/wiki/Pan_paniscus#Caracter.C3.ADsticas_psicol.C3.B3gicas

(6) Wrangham Richard y Peterson Dale. Demonic males. Apes and the Origins of Human Violence. Consultado en: http://www.washingtonpost.com/wp-srv/style/longterm/books/chap1/demonicmales.htm

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



lunes, 21 de noviembre de 2016

La mercantilización de las relaciones sexuales: ¿Un modelo deseable?



La mercantilización de las relaciones sexuales: ¿Un modelo deseable?
    
EL PERIÓDICO FEMINISTA de Mujeres en Red .
http://wwmujeresenred.net/article.php3?id_article=397

http://http://www.mujeresenred.net/article.php3?id_article=397www.mujeresenred.net/article.php3?id_article=397
Por Sara Berbel Sánchez
Martes 8 noviembre 2005.

1. El deseo masculino.
Si hay un deseo poderoso, universal y unánimemente reconocido a lo largo de la historia de la humanidad, es el que sienten los hombres por las mujeres. Un deseo que trasciende el ámbito propiamente biológico para convertirse en energía vital, símbolo artístico e incluso glorificación sagrada. Según Freud, se trataba de la líbido, esa fuerza genuina que permite la vida, la creación, y cuya represión origina, en el mejor de los casos, la expresión artística, el arte por sublimación. El supuesto deseo sin límites masculino ha sido privilegiado y justificado de muy diversas maneras en las diferentes culturas conocidas. Actualmente
todavía pueden escucharse muchas afirmaciones en relación a la incontenibilidad de tal impulso, a pesar de que la ciencia ha demostrado hace tiempo que, a medida que se avanza en la escala animal, los factores hormonales disminuyen su influencia a favor de los culturales. En concreto, dentro de la especie humana las imágenes eróticas son más determinantes que la activación hormonal por sí misma.

No obstante, las certezas científicas (cuando lo son) no son garantía de que la población vaya a creer en ellas. No hay más que escuchar a las personas que se empeñan en denostar el proceso evolutivo en el origen de las especies en aras de la teoría creacionista. Del mismo modo, el supuesto deseo irrefrenable de tipo sexual de los hombres sigue
impregnando los discursos psiquiátricos, políticos, artísticos y culturales. Las fantasías que otorgan al deseo sexual masculino un papel preponderante son alimentadas mediáticamente y algunos hombres deciden ponerlas en práctica. Porque hay hombres que sueñan con poseer cuerpos de mujeres sin su consentimiento, mujeres a quien en ningún caso respetan, y mucho menos aman, y de quienes con frecuencia tampoco esperan afecto ni otro
sentimiento afectivo o comunicativo. Y, si bien las fantasías son absolutamente libres, en algunas ocasiones, la distancia entre el deseo y la realidad se estrecha peligrosamente.

Ese deseo imposible sobre cuerpos ajenos logra satisfacerse de una forma consentida socialmente desde tiempos inmemoriales, y consiste en pagar por ello. Y eso es lo que hacen aproximadamente un 30% de varones entre los 18 y los 49 años en nuestra sociedad, según las últimas encuestas realizadas. El deseo masculino se ve cumplido: sólo es necesario un cuerpo femenino y algún dinero. Pero ¿a quién corresponde ese cuerpo que
se vende? ¿En dónde está su deseo? No se sabe ni tampoco se pretende.
Las mujeres no son nunca sujetos de deseo para nuestra sociedad.

2. El deseo femenino.
El 95% de las mujeres que ocupan nuestras calles y locales donde se ejerce la prostitución son inmigrantes con graves problemas socioeconómicos y, la mayor parte de ellas, víctimas del tráfico de personas, según datos recientes de las fuerzas policiales y ONGs que les dan apoyo.
Nuestro país recibe cada año decenas de miles de mujeres (hasta 300.000 como mínimo en toda España) procedentes del Este, Latinoamérica y Africa. Ese sólo dato debería alertarnos sobre la falacia de la voluntariedad en la elección de tal ejercicio. ¿Es posible que no seamos capaces de ver que lo que se esconde tras esas cifras es una profunda pobreza, miseria, imposibilidad de alcanzar algo mejor? La hipocresía de nuestra sociedad radica en no querer ver los rostros de la pobreza, de la esclavitud, incluso de la violencia cuando nos prestan un supuesto servicio social.

Pero hablábamos de deseo. El deseo de la mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución radica en su necesidad, en una radical necesidad de supervivencia para ellas y sus familias. Del mismo modo que la desesperación conduce a algunas personas a arriesgarse en viajes imposibles en pateras, o a saltar vallas con peligro de su vida, ellas arriesgan la salud e incluso la integridad física. Huyen de la miseria, de los conflictos sociales, y con frecuencia caen en las redes del crimen organizado. Cerca de un millón de mujeres entra al año en Europa para ser prostituídas, según cifras manifestadas en el I Congreso Internacional de Explotación Sexual y Tráfico de Mujeres. A la situación de indefensión y explotación a que son sometidas hay que añadir que muchas de ellas vienen mediante engaños y no son conscientes de la terrible realidad que las espera. Su único pensamiento es lograr al precio que sea un futuro mejor para ellas mismas y sus familias.

La extraordinaria lucha por la supervivencia que protagonizan estas mujeres no se realiza en igualdad de oportunidades con el resto de la población y, por tanto, no puede hablarse de libertad en la elección. Como afirma el republicanismo, las personas no son libres si no tienen garantizadas las condiciones materiales de existencia. Para que exista libertad real debe existir, primero, igualdad en las oportunidades y acceso a recursos y beneficios, parámetros que la izquierda política reivindica desde hace algunos siglos.

3. El cuerpo, objeto de consumo.
Cada vez que una persona realiza una acción, ésta tiene un efecto sobre su entorno, interviene en él e incluso lo modifica como nos mostró la Gestalt hace ya algunas décadas. A veces, el impacto del acto realizado llega incluso más allá de la realidad circundante. De este modo, cuando un hombre compra o alquila el cuerpo de una mujer está mostrando al
mundo que se trata de algo “comprable”, está realizando una “cosificación”, asignándolo a la categoría de objeto, más exactamente, de objeto de consumo, precisamente lo que durante siglos ha realizado la cultura patriarcal con el cuerpo de las mujeres. Al mismo tiempo, reafirma el modelo de desigualdad entre hombres y mujeres al mostrar una situación en que uno es sujeto de su deseo y la otra objeto del mismo, transacción que suele acabar en unos beneficios que a su vez recoge otro hombre, el proxeneta. Piensen ustedes en cómo educaremos a nuestros jóvenes en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres si saben que, al salir a la calle, los varones podrán disponer de un cuerpo femenino a la medida de sus necesidades mediante una operación comercial.

Por otra parte, al comprar o alquilar un cuerpo, al someter a las leyes del mercado el cuerpo de algunas mujeres, ocurre el efecto, aparentemente paradójico, de sustraerle todo valor. Las cuestiones a las que la sociedad otorga el máximo valor no están en venta: son aquellas como el respeto, la dignidad o el amor. El propio cuerpo de los seres humanos se valora tanto que no se permite la venta de sus órganos a pesar de que alguien deseara voluntariamente desprenderse de ellos a cambio de dinero. Sin embargo, el cuerpo de las mujeres sí está en venta, precisamente porque socialmente no se le otorga valor.

En consecuencia, la única postura respetuosa para con los hombres y las mujeres es sustraer el cuerpo del ámbito de las transacciones comerciales. Tarea que no resulta sencilla si recordamos que el negocio del sexo mueve alrededor de 40 millones de euros al año en España, situación que sin duda no resulta ajena a la ferviente defensa que se realiza desde
algunas instancias para dar cobertura legal a los empresarios del sexo y a sus locales. Sin embargo, algunas experiencias europeas muestran que disminuirían espectacularmente las redes mafiosas, la explotación femenina, las vejaciones y humillaciones si la compra-venta sexual no estuviera permitida. En los países donde se ha tomado esta postura, como Suecia, no han aumentado las violaciones ni se ha incrementado la violencia sexual como algunos auguraban que sucedería sino que, por el contrario, los datos señalan que ha disminuido la prostitución en cifras globales.
Los hombres son, por supuesto, capaces de ser dueños y no víctimas de sus deseos. Por el contrario, se han reducido las redes de tráfico de mujeres y muchas de las que se dedicaban a la prostitución ocupan ahora trabajos con sueldos dignos que les permiten afrontar el futuro con cierta esperanza.

4. La libertad de las personas.
Resulta difícil justificar que defendemos un modelo aduciendo que es el “menos malo”, o que siempre ha existido, como se hace cuando se defiende la regularización de la prostitución como un trabajo de servicios de proximidad. Durante siglos la sociedad ha considerado legítimas prácticas culturales contrarias a los derechos de las personas como el trabajo infantil, la esclavitud o la violencia de género. Se trata de luchar contra la explotación, no de regularla. La discusión en la actualidad es semejante a la que en el siglo XIX mantenían los movimientos abolicionistas y los partidarios de perpetuar la esclavitud: razones de conveniencia económica, de armonización social y de pervivencia e inevitabilidad histórica se manejaban entonces al igual que hoy. Es como si aceptáramos la violencia doméstica porque es menos mala que la posibilidad de perder la vida cuando las mujeres exigen la separación de sus maltratadores y adujéramos que además siempre ha existido. O como si aceptáramos la esclavitud en según qué supuestos porque es más beneficiosa para la persona esclavizada que la propia libertad, llena de peligros, e incluso
si algunas de ellas escogieran permanecer en ella, donde se sienten más seguras.

El modelo de sociedad que algunas mujeres de izquierdas defendemos aspira a la existencia de relaciones libres e iguales entre los sexos, donde todas las personas son sujetos y no objetos y donde el sexo se practica por placer (de ambos) y no por necesidad. Por supuesto, ello implica reconocimiento de las mujeres prostitutas como sujetos de derecho, acceso a recursos sanitarios y sociales y, sobre todo, acceso a trabajos no precarios, estables, bien remunerados y seguros para todas las personas que habitan en nuestra sociedad, especialmente para las mujeres que siguen siendo el colectivo más vulnerable en el ámbito laboral. Puede ser difícil, pero no es utópico y, si esa reivindicación es válida para los
trabajadores/as que están sufriendo situaciones vejatorias y de discriminación ¿por qué no va a serlo para las mujeres que practican, por necesidades económicas, la prostitución?

Soy partidiaria de la libertad en las elecciones afectivas, de la libertad en el uso del propio cuerpo por parte de hombres y mujeres, en el mantenimiento de relaciones sexuales voluntariamente consentidas. Pero estoy convencida de que esa libertad, tan buscada y tan añorada, sólo podrá darse si los cuerpos se encuentran en función del deseo de las personas que intervienen, hombres y mujeres, lejos de las relaciones desiguales de poder que el comercio del sexo consagra.


 a.. > La mercantilización de las relaciones sexuales: ¿Un modelo
deseable?
  11 de noviembre de 2005, La libertad no se compra
  Completamente de acuerdo con el artículo. Pero seguiremos escuchando a la falsa progresía defender la libertad de venderse, así como minimizar la importancia de nuestra sexualidad, diciendo que igual se vende el/la que hace rosquillas en una fábrica. La sexualidad forzada, aunque sea con dinero, afecta a lo más profundo del ser humano. Esto mueve mucho dinero y han puesto en marcha el engranaje del sistema para crear un
nuevo ideario colectivo para que la gente diga que la prostitución es un empleo más que debe regularse. Aunque, si se preguntara, nadie querría ese empleo para su hija.

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